Como prevé el art. 11 del Estatuto de la Asociación «Oasi Cana», el presente Reglamento interno señala, respecto de las Unidades Conyugales (U.C.): la identidad, los fines, la fisonomía, la dinámica interna y los compromisos de los miembros de las U. C.
I – IDENTIDAD
Las Unidades Conyugales son pequeñas «comunidades» «a medida de familia», constituidas por un número reducido de (5 – 6) parejas-familias (art. 11 del Estatuto), que comparten las finalidades de la Asociación O. C. y participan en su realización.
La Unidad Conyugal quiere ser:
* Un ambiente vital privilegiado y abierto a la acogida, a la formación de la persona y de la pareja.
* Un «lugar» de crecimiento de parejas que aspiran no solo al bien de su propio núcleo conyugal y familiar, sino que se proponen ser «levadura» y «buen grano» en la humanidad de hoy, testigos de los valores profundamente humanos y por ello evangélicos que atañen al matrimonio y a la familia.
* «Lugar», pues, en el que se hace experiencia de esa «familiaridad evangélica» caracterizada por la caridad mutua y por la corrección fraterna según la «verdad en la caridad».
Que la participación en la vida de las U. C. se haga con la clara conciencia de formarse para crecer y edificarse a sí mismos, a la propia familia, a la sociedad y a la Iglesia. Por tanto, se es miembro de las U. C. no solo para uno mismo, sino también para los demás.
* Las U.C. son parte vital para el crecimiento y la vida de la Asociación, un lugar privilegiado de experimentación, de consulta, de diálogo y de profundización de la vida de toda la Asociación.
II – FINES
El fin fundamental de las «unidades conyugales» es alcanzar niveles cada vez más profundos de formación, de comunicación y de comunión, tanto en el seno de la pareja como entre las parejas (art. 11 del Estatuto).
* Las U. C. quieren ser y llegar a ser verdaderas «escuelas» de auténticas relaciones interpersonales, conyugales y familiares.
* El objetivo específico del camino en las U. C. es el descubrimiento y/o redescubrimiento del sacramento del matrimonio mediante:
- a) la profundización del «Evangelio del matrimonio y de la familia»;
- b) el conocimiento y la experiencia de la espiritualidad conyugal y familiar;
- c) la conciencia de la misión conyugal y familiar que deriva del sacramento del matrimonio y capacita a los esposos para ejercer un ministerio propio suyo.
* Dentro de las U. C., esta conciencia misionera conyugal y familiar es alimentada, formada y orientada, especialmente en favor de las parejas y de las familias, por el rico patrimonio doctrinal del Magisterio de la Iglesia y, en particular, por el Carisma misionero de san Eugenio de Mazenod; Carisma «encarnado» en la Congregación por él fundada: los Misioneros Oblatos de María Inmaculada.
Con los Oblatos, por tanto, los miembros de las U. C. procurarán compartir la espiritualidad y la misión del modo previsto en el punto 11 del R.I.
III – FISONOMÍA
* Cada U. C. – reconocida y constituida como tal por el Consejo Directivo de la Asociación – está animada por una pareja responsable y por una pareja vicerresponsable, elegida y propuesta por la propia U. C. al Consejo Directivo de la Asociación para su aprobación.
* Cada U. C. se dará un nombre acorde con su naturaleza y vocación, eligiéndolo de común acuerdo entre sus miembros.
* Las parejas elegidas desempeñan su cometido durante un período determinado (2 – 3 años).
* Todas las parejas y personas de la U. C. se muestran disponibles para ofrecer este servicio dentro de su propia U. C. o en otras U. C. si se presentara esa necesidad.
* Los responsables y los vicerresponsables tendrán encuentros de formación específicos que les ayudarán a desempeñar adecuadamente su cometido.
* Las U. C. están abiertas también a personas solas, con tal de que quienes no están casados o han enviudado, habiendo acogido su condición de vida, orienten clara y serenamente sus energías y su servicio en favor de la pareja y de la familia. En este servicio cooperan con las parejas de la Asociación con la convicción de que las «leyes de la vida» – que regulan fundamentalmente las relaciones entre las personas – son válidas en todo estado de vida, entendiendo que lo que cambia es el modo de realizar la vocación al amor en la existencia concreta de cada persona.
* Cada U. C. constituye el ámbito natural para el camino formativo de quienes piden formar parte de la Asociación – entendiendo que para la aceptación de nuevos miembros rigen las normas generales del Estatuto y del Reglamento Interno de la Asociación.
* La admisión de un nuevo miembro en la U. C. debe ser fruto de un sereno diálogo madurado por los miembros de la U. C. interesada y de la consulta con el Asistente espiritual.
* La presencia del sacerdote (Asistente espiritual u otros) en la U. C. debe configurarse como una presencia «mariana», que ofrece su aportación sacerdotal específica sin sustituir a la pareja responsable en la conducción y en la animación de los encuentros de la U. C.
El sacerdote ayudará a los miembros de la U. C. a crecer en su vocación de bautizados, de esposos cristianos y de familia cristiana, «iglesia doméstica»: esposos y familias abiertos a la única misión de la Iglesia.
* Para un mayor conocimiento y crecimiento de los miembros de la Asociación conviene crear tiempos y modos de encuentro y de diálogo entre dos o más U. C.
* Las U. C. se darán autónomamente tiempos regulares de encuentro, respetando una periodicidad de al menos un encuentro mensual.
IV – DINÁMICA INTERNA DE LA UNIDAD CONYUGAL
* Cada encuentro en las U. C.:
- Comienza con un breve y significativo momento de oración preparado, por turno, por cada una de las parejas.
- Profundiza el tema objeto de reflexión para todas las U. C. u otro asunto, considerando a veces las exigencias y sensibilidades particulares de los miembros de la U. C.
Las distintas partes del tema deben leerse y profundizarse en pareja antes del encuentro en la U. C.
- Dedica un tiempo adecuado al «diálogo existencial», que abarca todo lo que atañe a la propia vida personal, de pareja, de relación con Dios, de trabajo, etc.
Que la pareja responsable ayude a todos a una escucha benévola, acogedora y profunda.
- Que concluya con un «compromiso» que los miembros de la U. C. asumen en relación con lo surgido en el encuentro.
* El buen sentido, la experiencia, la madurez y la sabiduría evangélica permitirán dosificar bien el tiempo que dedicar a la oración, al diálogo existencial, a la profundización del tema o de otros asuntos del orden del día.
* El esquema de encuentro arriba indicado se sintetiza en el modelo de informe de la U. C. que se adjunta y que cada U. C. debe cumplimentar para mantener siempre actualizado su «diario de a bordo». Esta tarea la realiza alguien que haga de secretario de la U. C., y que puede ser la misma pareja vicerresponsable.
V – COMPROMISOS de los Miembros de las U. C.
* Que cada persona y cada pareja cultive su vida espiritual: oración, vida sacramental, lectura y meditación de la Palabra de Dios, otras lecturas que alimenten el espíritu.
* Que en cada casa esté el <rincón de la oración> (Biblia, icono de Cristo, de María, una vela, algún otro objeto significativo para la experiencia humana y de fe de las parejas y de las familias – por ejemplo, fotos, etc.).
* Que cada pareja, con periodicidad regular, se fije un espacio para el diálogo existencial conyugal.
Este es un tiempo sagrado que hay que encontrar y respetar a toda costa (sobre todo en nuestra sociedad de ritmos tan frenéticos) si se quiere edificar ese santuario de la vida y del amor que es la familia.
* Que cada pareja-familia se dé una Regla de vida que comprenda algunos elementos fundamentales contenidos tanto en estos “compromisos” como en el escrito “Educación al amor”. En cualquier caso, procure cada uno armonizar la propia vida con las exigencias fundamentales del propio ser personal, conyugal y familiar.
* Los miembros de la U. C. asumen el compromiso de participar regularmente en los encuentros por respeto hacia sí mismos y hacia los demás componentes.
N.B. Dada la implicación personal, conyugal y familiar de los miembros de las U. C., no se admite una participación esporádica en los encuentros; hace falta, en cambio, una participación continua y activa.
* Misión: aténgase uno sobre todo a las indicaciones sugeridas en el programa anual de la Asociación O. C.
* Cada miembro de la U. C.,, convencido de la importancia de la calidad de las relaciones interpersonales, se comprometa a cultivar relaciones auténticas “acompañando más de cerca” al menos a una pareja de esposos o de novios que no forme parte de la Asociación. De este modo se hacen canal de vida para otros: gratis lo habéis recibido, dadlo gratis.
Se trata de unairradiación por contagio: de persona a persona, de pareja a pareja, de familia a familia, en lo ordinario de la vida.
* Compartir: entendido como cuota asociativa (para los socios comunitarios y adherentes) o como libre aportación a la Asociación para sus necesidades, iniciativas y actividades.
Las cuotas y/o las aportaciones se entregarán a la pareja responsable o vice-responsable, y por estas al Ecónomo de la Asociación.
* Que cada U. C. cree ocasiones de encuentro distendido y recreativo, tanto en su interior como con parejas y familias de otras U. C. y/o con otras personas que no formen parte de la Asociación.
A este respecto, valórense de manera especial los aniversarios de matrimonio u otras celebraciones o circunstancias familiares. Que todo se haga bajo el signo de la sencillez y de la sobriedad.
Estos encuentros son fundamentales no solo para las parejas, sino para los hijos, que “respiran” el clima “familiar” y auténticamente humano, y por tanto cristiano, de esta pequeña sociedad e Iglesia que es la Asociación.
* Cada U. C. durante el año, de acuerdo con el Asistente espiritual, programe un “retiro espiritual”.
* Al menos una vez al año, realice cada U. C. una verificación detallada del camino recorrido durante el año, con el fin de mejorar la calidad de la vida (personal, conyugal, asociativa), de las relaciones y del servicio.
* Participar en el encuentro estival anual. La experiencia, ya de muchos años, nos dice cuán importante es la participación de los miembros de las U. C. en el encuentro estival, tanto para el descanso como para la formación de los padres y de los hijos, además de para profundizar las relaciones entre todos los miembros de la Asociación “Oasi Cana”.