
Este grupo nació en 2015 con el deseo de ayudar, de manera particular, a las parejas jóvenes a encontrar momentos para estar juntas.
Nos ayudan a comprender la importancia de este grupo las palabras de S. E. Mons. Anfossi
Las ciencias humanas nos enseñan que un niño, cuando no vive en contacto con otros hombres y otras mujeres, no se humaniza, no aprende a hablar, no llega a tener conciencia de ser un hombre: esa conciencia nace solo si mi “yo” mantiene relaciones intensas con muchos “tú”.
Aunque sea de modo analógico, lo mismo puede decirse de cada nueva familia. Hoy un hombre y una mujer que se casan solo en parte pueden contar con los modelos de relación que les ofrecen sus padres y, por tanto, si son personas serias, buscan modelos para entender qué significa hoy ser marido y mujer, ser familia.
Esos modelos no suelen encontrarse hablando con los compañeros de trabajo, pues las conversaciones son en su mayoría banales (es difícil hablar de cosas serias), y menos aún en los programas o las lecturas que ofrecen los medios de comunicación
La pareja joven es un poco como el niño del que hablaba al principio: carece de modelos, de referencias, y le cuesta encontrar una identidad propia.
También la pareja necesita encontrarse con otras parejas, algunas quizá mayores, otras de su misma edad, porque solo en la confrontación con los demás logra reencontrarse a sí misma y descubrir cómo se puede ser esposos en el mundo de hoy.
Lo que la Iglesia enseña sobre el matrimonio es importante, pero queda en teoría si no se encarna en una experiencia de vida capaz de dar a la pareja conciencia de sí misma; por eso es muy importante que las parejas se encuentren con otras parejas, en un contexto eclesial, para gozar de la riqueza que brota del sacerdocio, de la paternidad y la maternidad, de la fraternidad y de la Palabra de Dios.
El Grupo Familia no sirve solo para hacer algo útil por los demás, sino para ofrecer a la pareja una ayuda para ser pareja, hoy, porque no hay muchas otras posibilidades de hacerlo.
La experiencia que se madura en grupo es única: es algo que, si se acoge, se comparte y se vive, permite mejorar la relación de pareja.
Cuando se vuelve a casa después de un encuentro del grupo familia, se consiguen decir cosas que no se habrían dicho sin esa vida de grupo.
En efecto, ser grupo no significa reunirse para decirse “qué buenos somos”, sino para hacer un camino en la fe; las personas que participan no tienen que estar todas necesariamente avanzadas en la práctica religiosa: lo importante es que todas estén dispuestas a recorrer un camino.
Este camino debería servir para comprender mejor qué significa ser esposos, ser padres, ser familias cristianas, para acoger la tradición y la enseñanza de la Iglesia, para hacer nuestros aquellos pasajes de la Escritura que nos hablan de la relación de pareja, empezando por la de Dios con su pueblo y la de Jesús con su Iglesia, hasta llegar a todas las parejas, ejemplares o no, que la Biblia nos presenta.