20 enero 2016 · Archivio storico

En diálogo con Cristo sobre los fundamentos de la familia

AUDIENCIA GENERAL
Miércoles, 5 de septiembre de 1979

1. Desde hace algún tiempo están en marcha los preparativos para la próxima asamblea ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en Roma en el otoño del año que viene. El tema del Sínodo: “De muneribus familiae christianae” (Deberes de la familia cristiana) concentra nuestra atención en esa comunidad de vida humana y cristiana que desde el principio es fundamental. Precisamente de esta expresión “desde el principio” se sirvió el Señor Jesús en el diálogo sobre el matrimonio, recogido en el Evangelio de san Mateo y en el de san Marcos. Queremos preguntarnos qué significa esta palabra: “principio”. Queremos además aclarar por qué Cristo se remite al “principio” precisamente en aquella circunstancia y, por tanto, nos proponemos un análisis más preciso del texto correspondiente de la Sagrada Escritura.

2. Dos veces, durante el diálogo con los fariseos, que le planteaban la cuestión de la indisolubilidad del matrimonio, Jesucristo se refirió al “principio”. El diálogo se desarrolló del modo siguiente: “…se le acercaron algunos fariseos para ponerlo a prueba y le preguntaron: “¿Es lícito a un hombre repudiar a su mujer por cualquier motivo?”. Y él respondió: “¿No habéis leído que el Creador desde el principio los creó varón y mujer y dijo: Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Le objetaron: “¿Por qué entonces Moisés mandó darle el acta de repudio y despedirla?”. Jesús les respondió: “Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres, pero desde el principio no fue así” (Mt 19, 3ss.; cf. Mc 10, 2ss.).

Cristo no acepta la discusión en el nivel en el que sus interlocutores tratan de introducirla; en cierto sentido no aprueba la dimensión que han querido dar al problema. Evita enredarse en las controversias jurídico-casuísticas; y en cambio se remite dos veces al “principio”. Al obrar así, hace clara referencia a las palabras correspondientes del Libro del Génesis, que también sus interlocutores conocen de memoria. De aquellas palabras de la antiquísima revelación Cristo extrae la conclusión y el diálogo se cierra.

3. “Principio” significa, pues, aquello de lo que habla el Libro del Génesis. Es, por tanto, Génesis 1, 27 lo que Cristo cita, de forma resumida: “El Creador desde el principio los creó varón y mujer”, mientras que el pasaje original completo suena textualmente así: “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó”. A continuación, el Maestro se remite a Génesis 2, 24: “Por esto el hombre dejará a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne”. Al citar estas palabras casi “in extenso”, por entero, Cristo les da un significado normativo aún más explícito (dado que sería imaginable que en el Libro del Génesis sonaran como afirmaciones de hecho: “dejará… se unirá… serán una sola carne”). El significado normativo es plausible en cuanto que Cristo no se limita solamente a la cita misma, sino que añade: “De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Por tanto, lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre”. Ese “que no lo separe” es determinante. A la luz de esta palabra de Cristo, Génesis 2, 24 enuncia el principio de la unidad e indisolubilidad del matrimonio como el contenido mismo de la palabra de Dios, expresada en la más antigua revelación.

4. Se podría sostener llegados a este punto que el problema está agotado, que las palabras de Jesucristo confirman la ley eterna formulada e instituida por Dios desde el “principio”, como la creación del hombre. Podría incluso parecer que el Maestro, al confirmar esta ley primordial del Creador, no haga otra cosa que establecer exclusivamente su propio sentido normativo, remitiéndose a la autoridad misma del primer Legislador. Sin embargo, aquella expresión significativa: “desde el principio”, repetida dos veces, lleva claramente a los interlocutores a reflexionar sobre el modo en que en el misterio de la creación fue plasmado el hombre precisamente como “varón y mujer”, para comprender correctamente el sentido normativo de las palabras del Génesis. Y esto no es menos válido para los interlocutores de hoy que para los de entonces. Por ello, en el presente estudio, considerando todo esto, debemos situarnos precisamente en la posición de los interlocutores actuales de Cristo.

5. Durante las sucesivas reflexiones de los miércoles, en las audiencias generales, trataremos, como interlocutores actuales de Cristo, de detenernos más ampliamente en las palabras de san Mateo (Mt 19, 3ss.). Para responder a la indicación que Cristo ha encerrado en ellas, trataremos de adentrarnos hacia aquel “principio” al que él se refirió de modo tan significativo; y así seguiremos de lejos el gran trabajo que sobre este tema emprenden precisamente ahora los participantes en el próximo Sínodo de los Obispos. Junto a ellos toman parte numerosos grupos de pastores y de laicos que se sienten particularmente responsables de las tareas que Cristo encomienda al matrimonio y a la familia cristiana; las tareas que él ha encomendado siempre, y encomienda también en nuestra época, en el mundo contemporáneo.

El ciclo de reflexiones que iniciamos hoy, con la intención de continuarlo durante los sucesivos encuentros de los miércoles, tiene también, entre otras cosas, como finalidad acompañar, por así decirlo de lejos, los trabajos preparatorios del Sínodo, sin tocar sin embargo directamente su tema, sino dirigiendo la atención a las raíces profundas de las que este tema brota.

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